La Emocional

 

La inteligencia emocional busca nuestro bienestar como personas. Para gestionar nuestras emociones, hemos de entender que los hechos son neutros desde el punto de vista emocional, hasta que los dotamos de una interpretación.

La emoción nace de esa interpretación, que es la causa de mi respuesta emocional.

El concepto clave para acceder a la gestión de dichas emociones es el de la ficción emocional, que es un tipo de narrativa creada por cada individuo ante determinados hechos que le sirven de hilo argumental. Cada ficción genera alguna de las cuatro emociones básicas: alegría, rabia, tristeza, miedo. Cabe recordar que cada una de esas emociones no se debe a los hechos, sino a nuestra creación o interpretación: nada nos puede provocar una emoción contraria a nuestra interpretación. Me explico, si yo siento determinada emoción ante un hecho, es porque me lo cuento de una manera que genera tristeza, rabia, miedo, etc.

Es, realmente importante de observar, cómo y para qué me lo estoy contando así. No existe nada en ese hecho que sin mi interpretación cree una emoción. Por ejemplo: puede chocar nuestro coche y nosotros estar dormidos y no nos produce miedo, porque no hemos tenido ocasión de interpretarlo; empezaremos a sentir algo, tristeza, miedo o rabia, en el momento en que estemos presentes y activemos una u otra interpretación.

 


Ante el mismo hecho las personas harán interpretaciones diferentes, cada uno tenderá a una emoción.

Estamos entrenados, socialmente, para que ante determinados hechos, creemos determinadas interpretaciones: si nos pinchamos hemos de tener miedo, dolor, sin embargo, los faquires no están así entrenados, y eso nos sorprende. He ahí el por qué la gestión de nuestras emociones es la clave de nuestra libertad personal.

Todos nuestros somos totalmente dueños de nuestra ficción emocional, del cómo interpretamos los sucesos y situaciones, aunque solemos creer que son los hechos los que nos emocionan, los que crean las situaciones.

Todas las versiones son verdad y son mentira, están sometidas al baile entre nuestras creencias/patrones mentales y nuestro sistema de explicaciones, totalmente propios.

Hay gente que ante la muerte celebra y hay gente que llora. Todo depende de lo que crean, de cómo se lo cuenten.

Nunca son los hechos los que provocan nuestra emoción, siempre es nuestra interpretación.

Somos los guionistas de nuestras vidas. Si tú no tienes un plan para tu vida, alguien lo hará por ti. Lo importante es desdramatizar. Las emociones no necesitan desahogo, necesitan gestión.

Se requiere de conciencia emocional, es decir, identificar qué se siente y saber para qué se siente (reconocer la instrucción).

La emoción transmite un mensaje, una instrucción que viene del discurso interno, del pensamiento. Una vez entendido el mensaje, cada uno es libre de gestionar la emoción a su manera.


¿Te apetece hacer un test de inteligencia emocional? Se trata de ver el grado de positividad que sueles manejar.


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