42.- Perdonarte para sanar

Puede parecer que el perdón haya de ser externo, desde la interpretación propia de una ofensa. Esto tal vez te choque si tienes en cuenta que, dependiendo del estado anímico en el que te encuentres, si estás cargado de amor, feliz, radiante, nada te ofende, todo es tolerable y subsanable. Incluso te puede costar ver cualquier ofensa. Sin embargo, cuando no estás en este grato estado, tu susceptibilidad, te suele llevar a tomarte personal cualquier situación, aún cuando no vaya contigo.

Esto hace pensar que, como en muchas ocasiones habrás oído, nosotros somos nuestro mayor enemigo, el peor verdugo y juez. De ahí te invito a que practiques tu propio perdón y te liberes de tantas cargas como te estás imputando y que, en realidad, podrías perdonar a personas muy queridas por ti, que hubieran inquirido en ofensa del mismo grado de la que tú te estás imputando.

Desde la metafísica (más allá del cuerpo físico) la curación de cualquiera de nuestros cuerpos (físico, mental o emocional) sólo puede realizarse en el momento en el que uno se perdona. Esta etapa tiene el poder de transformar no sólo nuestro amor hacia nosotros mismos, sino también el corazón y la sangre en nuestro cuerpo físico. Esta sangre nueva, reenergetizada por el influjo de este amor reencontrado, es como un bálsamo que circula por todo el cuerpo: a su paso transforma y rearmoniza las células. Aun cuando intelectualmente te resulte difícil creerlo, ¿qué puedes perder con probar?

Las etapas del perdón verdadero

1) Identifica tus emociones (a menudo hay más de una). Toma consciencia de la acusación que te haces a ti mismo o que le haces a otro y de lo que ésta te hace sentir.

 

2) Asume tu responsabilidad. Ser responsable es reconocer que siempre tienes la opción de reaccionar con amor o con miedo. ¿De qué tienes miedo? Date cuenta también de que tienes miedo de que te acusen de tener miedo.

 

3) Acepta al otro y suéltate. Para lograr soltarte y aceptar al otro, ponte en su lugar y siente sus intenciones. Acepta la idea de que la otra persona se acusa y te acusa probablemente de la misma cosa que tú. Ella tiene el mismo miedo.

 

4) Perdónate. Esta es la etapa más importante del perdón. Para realizarla, date el derecho de haber tenido y de tener todavía miedo, creencias, debilidades y límites, que te hacen sufrir y actuar. Acéptate tal y como eres ahora, sabiendo que es temporal.

 

5) Ten el deseo de expresar el perdón. A modo de preparación para la etapa seis, imagínate con la persona adecuada en el acto de pedirle perdón por haberla juzgado, criticado o condenado. Estarás listo para hacerlo cuando la idea de compartir tu experiencia con dicha persona te suscite un sentimiento de alegría y de liberación.

 

6) Ve a ver a la persona en cuestión. Exprésale lo que has vivido y pídele perdón por haberla acusado o juzgado y por haber estado resentido con ella. Menciónale que la has perdonado sólo si te lo pregunta. También puedes hacer el ejercicio de "la silla vacía": colocas delante tuyo una silla en la que imaginas a la persona a la que le quieres dirigir el mensaje.

 

7) Haz el enlace con un cordón o una decisión ante uno de tus progenitores. Recuerda un acontecimiento  similar  que ocurriera  en  tu  pasado  con  una  persona  que  representase  a  la autoridad: padre, madre, abuelos, maestro, etc. Generalmente será del mismo sexo que la persona con la cual acabas de realizar el perdón. Vuelve a efectuar todas las etapas con esta persona (la figura de autoridad).

 

Cuando la emoción sentida sea hacia ti mismo, realiza los pasos 1, 2, 4 y 7.

 

Date el tiempo necesario para realizar el proceso del perdón. En cada etapa puede pasar un día o un año. Lo importante es que tu deseo de lograrlo sea sincero. Cuando la herida es grande y profunda o el ego se resiste, puede tomar más tiempo. Si la etapa seis del proceso del perdón te resulta difícil, debes saber que es el ego el que se resiste. Cuando piensas: “¿Por qué ir a pedirle perdón por estar resentido con él cuando fue él quien me ofendió? ¡Tengo toda la razón del mundo para estar resentido!", es tu ego quien habla. El deseo más grande de tu corazón es hacer la paz y sentir compasión por el otro.

 

No te preocupes por la reacción del otro cuando vayas a pedirle perdón. Respeta su reacción y la tuya. Nadie en el mundo puede saber lo que va a suceder. Si al otro le cuesta trabajo recibir  tu  petición  de  perdón,  es  que  él  mismo  no  puede perdonarse.  Aunque  tú  lo  hayas perdonado, no puedes hacerlo por él. Deberá lograrlo por sí mismo. No eres responsable de su reacción, sólo de la tuya. Por otro lado, el hecho de perdonarte a ti mismo es un hermoso ejemplo para ayudar al otro a que también lo consiga.

 

Recuerda que el hecho de perdonar a alguien no significa que estés de acuerdo con la ofensa, sino que estás en vías de decir que, con los ojos del corazón, has sido capaz de ver más allá de la ofensa, de ver lo que pasaba en el interior de la persona. Gracias a este perdón podrás concederte más fácilmente el derecho de ser tú mismo, con tus sentimientos humanos.

Fuente: Lisa Bourbeau en su libro Obedece a tu cuerpo.

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Comentarios: 4
  • #1

    Enric (martes, 28 abril 2015 09:46)

    Cuando se pide perdón y no se acepta, que hacer? Y la otra persona sigue con hechos para crear dolor y conflicto, que se debe de hacer?

  • #2

    Mari Carmen Navarro (martes, 28 abril 2015 18:27)

    Enric, es interesante que releas los 2 últimos párrafos. Si has solicitado perdón, has liberado. En tus manos está el soltar verdaderamente. Nadie puede perdonar sino a sí mismo. Si eso lo consigues, verás a la persona con otros ojos, te manejarás con otra actitud.
    Imagina que, por un momento olvidas la ofensa, sea ésta hacia ti o desde ti, ¿cómo actuarías con la otra persona? ¿qué sucedería? ¿qué sentirías?
    Cuando liberas, ya no existe la ofensa en tu campo mental, por lo tanto, las acciones desde la otra persona pierden el poder de dolor y de conflicto, sencillamente "no ha lugar".
    Un abrazo :)

  • #3

    Fina rp (jueves, 30 abril 2015 00:36)

    El Perdón a uno mismo, es fácil, cuando entendemos que nos perdonamos, por sentir esa emoción que nos duele, que sentimos, a veces hacia los demás y otras muchas permitiendo las "ofensas"hacia nosotros.
    LO SIENTO, PERDONAME, TE AMO, GRACIAS.(técnica ho'oponopono)
    Nadie tiene el poder de dañar, si nosotros no se lo permitimos.
    Son muchas generaciones, las que llevamos arrastrando la creencia de que son los demás los culpables de lo que nos pase. Nos hicieron esto o aquello. O nosotros hicimos.Y en cualquier caso, nos hemos culpabilizado.
    No hay culpables, simplemente responsabilidad. Acepto esta ofensa, como tal o la dejo ir, porque no es mia o no me corresponde? Soy responsable de mis actos y responsable tb de permitir que algo externo altere mi paz y equilibrio.
    Un abrazo y gracias

  • #4

    Mari Carmen Navarro (jueves, 30 abril 2015 17:20)

    Muchas gracias, Fina.
    Estoy muy de acuerdo con tu comentario.
    El término culpabilidad en sí, no es sino un neuroprogramador negativo. Cuando nos vamos hacia la responsabilidad, ese sentimiento se diluye, actuamos y nos sentimos satisfechos y merecedores de las ben-diciones de la vida. Si esto lo vamos aprehendiendo, será un boomerang de alto rendimiento en nuestro comportamiento constructivo.
    Un enorme abrazo :)