La ansiedad

La ansiedad es una respuesta que tenemos los seres humanos (y también los animales) cuando nuestro cerebro comprueba que existe un peligro que pone en riesgo nuestra vida.


Sabiendo que la ansiedad es una de las emociones negativas, dentro de aquellas que más se acercan al miedo, le dedico este espacio aparte, porque parece que sea una de las emociones que más están agobiando y derivando hacia depresiones y adicciones. Tiene mucho sentido que me llame la atención, por la epidemia que está propagándose y, desde mi labor, poder ayudar a las personas a su realización personal, su felicidad y su alegría de vivir. De la misma manera que la risa de un bebé es contagiosa, la felicidad de los que nos rodean también lo es. Si esto lo aplicamos como regla, entenderás el porqué de tanto contagio de ansiedad. Una buena estrategia, podría ser comenzar ya a sentirte bien.

 

A grandes rasgos, estudios recientes, informan que la ansiedad en sí tiene diferente tratamiento, siendo una más ligera (la que se deriva de una situación puntual) y otra más persistente y enraizada, la que se deriva de una forma adquirida de ser, como una herencia aceptada. Por lo tanto, no es lo mismo ser ansioso que estar ansioso.

La denominada ansiedad-rasgo, se corresponde con una característica de personalidad que señala cierta propensión a la inquietud y al desasosiego persistentes. Mientras que la ansiedad-estado es una reacción emocional puntual, como respuesta a una situación o contexto estresante. Por tanto, tiene una naturaleza más inmediata y menos duradera.

Ambas se caracterizaban por facilitar el procesamiento de información negativa (miedo, malas noticias...), es decir, la persona que sufre ansiedad, en su interpretación habitual de los hechos y sucesos por los que va pasando, se decanta por ver la parte negativa, e incluso la atrae y ve venir. Habiendo infinidad de interpretaciones más alegres, ligeras, flexibles, elocuentes,..., escoge la dramática. Esto lo hace automáticamente, no lo elige, le sale. Es muy liberador ir detectando este comportamiento de nuestro pensamiento, para poder ir redireccionándolo hacia pensamientos más positivos y agradables. Se trata de ser conscientes de ello y actuar en consecuencia, no de ahogarnos en el estado.

Quizás, si te encuentras en esta tesitura (o alguien de tu entorno), veas complicado el salir airoso y poder girar página, hacia otra más loable. La buena noticia es que tiene remedio, el secreto para poder abandonar ese estado, está en elevar tu conciencia hacia el cómo te cuentas las cosas. El porqué de que te las cuentes así, pertenece más al terreno terapéutico. No obstante, en coaching, el respeto hacia la naturaleza de cada persona, es una de las principales premisas, por lo tanto, si se ha de utilizar una parte del pasado para que tu ahora sea más saludable, no se considera una merma del proceso, temporalmente hablando, quizás sea un puente hacia tu salto cuántico.

 

 

¿Tengo ansiedad?

¿Devoro o me alimento?
¿Devoro o me alimento?

A veces, nos cuesta menos ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro. Y con esto quiero decir que, puede ocurrir que no estés atento a lo que te está sucediendo. Quizás sientas molestias, y las excuses hacia situaciones en las que entiendes que es la forma en que suele trascenderse. O pienses que sea tu forma de ser, o creas que es la forma que has aprendido de vivir ("esto es lo que hay"), como si no tuvieras derecho a cambiar hacia una vida más placentera.

Para poder solucionar un problema, previo se ha de conocer. Por lo tanto, antes de preocuparte o pensar que esto va a ser así para siempre, te detallo algunos de los síntomas: dificultad para concentrarse o para controlar la preocupación (a menudo, excesiva), sudoración, palpitaciones, dificultad para respirar, síntomas gastrointestinales, fatiga, irritabilidad, tensión muscular, dolores de cabeza, temblores, inquietud y alteraciones del sueño, comer por impulsos, trabajar en exceso (excusar con el trabajo tu vida personal), aumento de dulces, chuches, tabaco...Vivir de excesos que sabes que te van a pasar factura, al tiempo que sentir la pérdida de un estado que hasta ahora era habitual (el poder razonar, descansar, coordinar, organizar,...sentirte ágil y mentalmente útil). Una de las sensaciones es como vivir de la merma (a medio pulmón), como si se te acabaran las pilas y no disponer de recambio, pues no tienes la mente como para "sencillamente" ir a la tienda a por otras. Es entrar en un círculo vicioso de "no puedo", que llega a confundirse con el "no quiero" y arrastrarte hacia los recursos mínimos, pues casi que no tienes ganas de nada. De modo que, el no poner un poquito de atención en el tema, invita ranciamente hacia la depresión: la pérdida de tus reservas energéticas y ganas de seguir adelante.

 

La vibración

 

Cuando estamos en un estado de ansiedad, eso nos dice que estamos en una baja vibración. Bajas vibraciones son aquellas que se acercan al miedo: celos, envidia, odio, desamor, ira, irritabilidad, impotencia, depresión....Todo te muestra oscuridad, todo te baja la sonrisa, la energía, las ganas de emprender, la acción, la motivación. Te alejas de estado natural, de la felicidad, del amor.

 

Te adjunto un artículo que te habla de cómo elevar tu vibración, como todo, es una forma de información, tómate la parte que se diga contigo, aquella que se adecúe más a tu SER.

 

 

La vibración es el movimiento interno que tiene cada ser o cuerpo. Todos los cuerpos vibran, desde el corpúsculo y la célula, hasta los astros y los universos, todo se encuentra en una vibración constante. La vibración de todo cuerpo puede ser captada y en especial la humana, la de las plantas, piedras y animales, por el aura.

 

El aura es un campo electromagnético que rodea a cada ser. Está compuesto por numerosas líneas de fuerza, crece y decrece, emite y recibe ondas como todo lo que existe, su sustancia es de la misma naturaleza de la Luz, es decir, que es a la vez corpuscular y ondulatoria. Su volumen es variable, así como también lo es su color. La menor frecuencia vibratoria puede representarse con el color negro y la mayor frecuencia vibratoria por el color blanco, que representa la máxima pureza, el estado del espíritu puro.

 

Este término, “vibración”, que hoy en día se escucha tanto, ya era conocido por las culturas antiguas como la de Egipto y la de Grecia, de dónde se dio a conocer por medio del gran sabio y maestro Hermes Trismegistus, en sus enseñanzas del Kybalion, que tratan sobre los principios o leyes que rigen en el Universo. El tercero de estos principios es el principio de Vibración, que dice "Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra".

 

Este principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de las fuerzas, de la mente y aún del mismo espíritu, las que no son otra cosa que el resultado de los varios estados vibratorios, desde el Todo, que es puro espíritu, hasta la más grosera forma de materia, todo está en vibración. También nos dice que toda manifestación, emoción, razón, voluntad o deseo, cualquier estado o condición mental, está compuesto por vibraciones, una porción de las cuales son arrojadas y tienden a afectar a las mentes de otras personas por “inducción”. Todo pensamiento, emoción o estado mental tiene su grado y modo de vibración correspondiente.

 

El ser humano se está transformando, está cambiando tanto física como internamente en sus pensamientos y sentimientos. Esto quiere decir que estamos en una época donde estamos elevando la vibración, lo que implica que estamos pasando de tener una consciencia tridimensional de captación de la forma a una consciencia que penetra en la cuarta dimensión. Estamos despertando una conciencia universal, y es imprescindible que realicemos una preparación tanto física como espiritual, de manera que podamos elevar todo lo posible la frecuencia vibratoria.

 

Esta preparación es fundamental para ayudar al despertar del ser humano a esa conciencia universal y para adecuarnos a los cambios que se están sucediendo, que son inevitables e imparables, y que en sí no son ni malos ni buenos, sino que sólo forman parte de la evolución del ser humano y del planeta.

 

Existen diferentes pasos a seguir para elevar la propia frecuencia vibratoria actual a una mayor. Se aconseja que la persona desarrolle estos puntos que acontinuación se enumeran, de manera que vaya subiendo progresivamente su vibración y, a la par, la vibración de toda la humanidad.

 

Pero sólo se sube la propia vibración practicando estos pasos con juicio y con constancia, no se pueden esperar cambios de hoy para mañana. También, como en todo lo que uno emprende, hay que tener cuidado de no caer en excesos ni fanatismos, practicarlos muy suavemente, de manera progresiva, y cuando se sientan cambios, investigarlos, y si son positivos ampliarlos.

 

En todos los pasos debe haber el conocimiento adecuado de las leyes de la Naturaleza. Este es el conocimiento de las leyes que rigen la vida y desde luego, es el conocimiento de uno mismo –pues uno mismo es vida y forma parte de la vida-. Respetar las leyes de la naturaleza significa siempre trabajar por producir y mantener una higiene escrupulosa en todos los niveles del ser, a nivel físico, mental y espiritual.

 

Nunca está de más que, además de investigar, recopilar y estudiar la información, consultemos a personas que puedan saber más que nosotros mismos sobre los temas que nos ocupan.

 

Cómo elevar la vibración.

 

Para elevar el nivel de vibración hay que ser en la vida cotidiana consciente y se tiene que obrar adecuadamente. Hay que vivir en el eterno presente, aquí y ahora con atención, sin juzgar; vivir en un estado de profunda y plena Oración/Meditación y obrar apropiadamente. Esto significa pensar y sentir apropiadamente sobre los hechos y situaciones que vivimos y obrar con ecuanimidad, sin dejarse llevar por imaginaciones o emociones.

 

Además, la persona puede tener en cuenta los siguientes puntos (entre otros) para elevar su vibración.

 

A. Realizar prácticas y ejercicios de oración y de meditación.

 

B. Estudiar y reflexionar con toda la mente y con todo el corazón sobre el conocimiento espiritual.

 

C. Alimentarse de una manera natural, sana y equilibrada. El alimento que proporciona una mayor y más amplia vibración es el que tiene un origen vegetal y no está procesado industrialmente.

 

D. Practicar un ejercitamiento físico apropiado. Aquí se incluyen el correcto respirar y también el descanso, la relajación y el sueño profundo y revitalizador.

 

E. Llevar a la práctica una escrupulosa higiene del propio cuerpo físico. Este punto incluye al ayuno y a todas las prácticas que tienen como objetivo la limpieza del cuerpo físico, tanto en su aspecto en su interior como en su exterior.

 

F. Manejar apropiadamente la energía sexual (practicando la alquimia sexual, ternura y amor)

 

G. Realizar mantras.

 

 

Por Carolina Bonhome

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