La otra cara de la moneda

Los escasos valores morales en las entidades financieras

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No es de extrañar que la forma de actuar actual de las entidades financieras no haga más que acentuar la diferencia entre los diferentes estratos sociales. El arte de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, continúa siendo su principal modo de operar. Lo hacen además alardeando de las ingentes cantidades que dicen invertir en obra social.

 

La difícil tarea de llegar a final de mes genera ansiedad y depresión

 

En los hogares, cada vez en aumento, que supone una ardua tarea el llegar a final de mes -lo que lamentablemente puede suceder a los 15 días de haber percibido la mensualidad- se crea una turbulenta sensación de impotencia. El ir cubriendo esos gastos que no se habían considerado que ocurriesen, surgen como sorpresas que se van dando la mano a modo de soga.

 

Cuando a esta situación se le suma el que el día de percibir la nómina, que va a permitir afrontar el siguiente mes, se retrasa más allá de la fecha en que van llegando los recibos, el agobio se dispara. Una desagradable sensación que crece cuando aparece una nueva realidad, como el que el banco cobre una jugosa comisión por descubierto, sin tener en cuenta la cuantía en negativo (aunque sean céntimos); o la devolución del recibo con la consecuente previsión de gastos añadidos, es cuando entran en juego la crisis y la depresión.

 

Un maquillaje perfecto

 

Muy vinculado a “lavar las culpas”, parece que sea el modo en que actúan de “Robin Hood” moderno. El antiguo robaba a los ricos para beneficiar a los pobres. Lo actual es robar a los pobres, para justificar que están creando una conciencia hacia la ayuda de otros, también pobres, o en un estado de precariedad.

 

Lo más triste del tema es la ubicación real de todo ese capital, muchas veces en su mayoría en manos de intermediarios designados a dedo. Con el agravante de que una gran parte de la aportación del capital es destinado a “publicitar sus buenas acciones”.

 

Nuestro capital

 

A modo de círculo vicioso, la sociedad “facilita” encarrilar todos los pagos, devengos e ingresos mediante entidades financieras, lo que vuelca, sí o sí, en confiar nuestro mayor o menor capital a estas organizaciones, ya no funciona lo de guardar el dinero bajo el ladrillo. Cuando hay mucho que ocultar, se obtienen otras fórmulas para poder aumentarlo, como inversiones, jugar en Bolsa o ingresar el capital en cuentas extranjeras.

 

El que las entidades guarden el dinero, la mayoría de las veces si las cantidades son modestas, acabará mermando la cantidad, pues van decreciendo a base de comisiones. Por ejemplo, por mantenimiento de la cuenta, por impuestos indirectos, o por el coste de enviar la comunicación de los movimientos de cuenta, tanto en papel como por mensajes en el móvil.

 

El desencanto entra cuando se revisa una cuenta en la que se tenía, en su día, una pequeña cantidad de dinero. Un día la revisas y ves que ya no hay nada. El mantenimiento se lo ha comido todo absolutamente, siendo que no ha habido movimiento en absoluto, es decir, no ha habido cobros, ingresos ni extracciones en ventanilla o cajero.

 

Las cuentas infantiles

 

Otro caso contrario a la clemencia que pueden mostrar las cajas de ahorro y bancos es el rendimiento que también reciben de estos pequeños clientes. Parece que no quedan exentos de tributos. El cambiar la antigua hucha del cerdito, por la moderna versión de la libreta bancaria, les baja la cifra de lo acaudalado por los regalos en metálico recibidos de padres, tíos y abuelos.

 

La magia que en su día propiciaba el valor del ahorro, queda totalmente desvanecida cuando se intenta explicar a los hijos que esa cifra que ellos han ido acumulando, se la han llevado unos duendecillos. Es como hacer aterrizar a tus hijos, después del descubrimiento de que los Reyes Magos, o el Cagatió, o Papá Noël no existen tal y como ellos lo habían imaginado, en un mundo limitado de ilusión y lejanas recompensas de aquello que consideras tuyo.

 

El abrir conciencia hacia solucionar este tipo de trampas sociales, en las que el enfoque premio-castigo (facilitar el aumento de capital a los pudientes y propiciar el endeudamiento a los que atraviesan por un bache) todavía sirve de patrón, sin duda crearía una potente energía positiva al otorgar una nueva versión beneficiosa para todos.


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