La integridad es atemporal

La otra cara de la plenitud

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La integridad no se mide por grados: o la tienes, o no la tienes. El concepto proviene del término latino integritas, y se refiere a aquello que no carece de ninguna de sus partes.

 

La palabra en sí viene de la misma raíz latina que entero, y sugiere la totalidad de la persona. Así como hablaríamos de un número entero, también podemos hablar de una persona entera, no dividida. De ahí las connotaciones de totalidad o de plenitud. Por ejemplo: “Se han recuperado las piezas robadas en su integridad”. O también de rectitud: “Durante su gobierno siempre ha hecho gala de una gran integridad”.

 

Sus rasgos morales y jurídicos

 

En su aspecto moral, se define como una cualidad de la persona que la faculta para tomar decisiones sobre su comportamiento por sí misma; es también un concepto jurídico y todas las constituciones democráticas modernas lo consagran como un derecho fundamental.

 

Por otra parte, en el ámbito personal permite nombrar a la total o amplia gama de aptitudes poseídas por una persona. Una persona íntegra es aquella que no se queda en una única actividad, sino que recorre distintas áreas del conocimiento. Esta persona vive correctamente con respecto a sus creencias, no se comporta de forma diferente en diversas circunstancias, pues actúa de la misma manera tanto en privado como en público.

 

El libro de Proverbios

 

Parte del proverbio 10:9, recogido en el Libro de Proverbios, dice: “El que camina en integridad anda confiado”. Una persona que posea esta virtud tendrá una buena reputación y no temerá ser expuesta o descubierta. Esta forma de actuar le brinda un camino seguro a través de la vida, pues es parte de la sabiduría. Quienes siguen la corrupción o la mentira siembran su propio desequilibrio y ansiedad, por las decisiones y acciones que ejercen. El convertirse en hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, creará en ellos el compromiso de ser los responsables de su propia suerte.

 

Vivir en consonancia

 

Decir la verdad aparentemente ya no es una virtud que la gente trata de adoptar para su vida. Tal vez digamos que queremos que la gente diga la verdad, pero no lo hacemos nosotros mismos. Es fácil mostrar una conducta intachable cuando las luces están enfocadas sobre nosotros y los demás nos están mirando.

 

Sirve de ayuda adquirir ciertos rasgos de la integridad, como la honestidad y la confiabilidad. En general, queremos ser honestos, pero a veces nos resulta más fácil ser deshonestos. Así que intentamos buscar una forma de transigir en nuestros valores para que un poco de mentira no perturbe nuestra conciencia. Esto puede distarnos de la confiabilidad; sin embargo, una vez se observan las ventajas que reporta vivir en un equilibrio, las sombras de la ficción dejan de tener protagonismo en nosotros.

 

Sin grietas, sincera

 

Los griegos eran expertos en hacer figuras en mármol. Muchas veces, al estar trabajando este material descubrían grietas en él, lo cual, naturalmente, le quitaba valor a la obra. Algunos cubrían esas grietas con una cera especial; la pulían y quedaba aparentemente perfecta, pero cuando la figura era expuesta al calor del sol la cera se derretía y quedaba descubierto el engaño. Por eso, era común encontrar en los lugares donde se vendían esas piezas de mármol un letrero que decía: “Se venden figuras en mármol puro, sin cera.” De ahí, viene nuestra palabra en español "sincera/o”, según la web donde lo cuenta el equipo de Carolina Bonhome.

 

Cuando mis palabras y mis obras coinciden

 

Soy quien soy no importa dónde o con quién estoy. No es tanto lo que hacemos sino lo que somos, y lo que somos, a su vez, determina lo que hacemos. Will Rogers dijo: "Las personas cambian de opinión por la observación y no por los argumentos". La gente hace lo que ve, la integridad involucra la totalidad de la persona: el corazón, la mente y la voluntad.

 

Una buena forma de mantenerse con integridad en este dispar mundo en que vivimos, es tener el discernimiento apropiado para lograr vivir la vida y ser uno mismo, sin depender de lo que opinen los demás y saber que un fracaso no es el fin de todo, sino que siempre se puede volver a empezar, y además con una nueva vivencia y enseñanza en nuestro interior.

 

Aprender a dejar de emitir juicios basados en los éxitos o fracasos de los demás, o en su apariencia física, religión o costumbres, y tratar de ver la manifestación de la Luz en todas las personas, lleva a saber que uno vive según le dicta la conciencia, sin la necesidad de ir demostrando nada para ser reconocido.

 

Ser uno mismo y tu conciencia

 

Desde el punto de vista ético, la integridad sería la manera de manejarse coherentemente con los valores personales y los compartidos con la comunidad a la que se pertenece. Stephen Covey lo expresa así en su libro Los siete hábitos de la gente altamente efectiva: "El valor que nos damos. Es nuestra capacidad para hacer y cumplir compromisos con nosotros mismos, para hacer lo que decimos... Su disciplina proviene de su interior; es una función de su voluntad independiente. Usted es un discípulo, un seguidor de sus arraigados y propios valores, así como fuente de los mismos, y usted tiene la voluntad, la integridad para subordinar a esos valores sus sentimientos, sus impulsos y su estado de ánimo".


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